top of page

RESEÑA HISTÓRICA SEMINARIO MAYOR

SANTO TOMAS DE AQUINO - PAMPLONA

 

ARQUIDIÓCESIS DE NUEVA PAMPLONA

Seminario Mayor “Santo Tomás de Aquino”

NIT: 807009073-6

DISPOSICIÓN PROVIDENCIAL

El Concilio de Trento es convocado por el Papa Paulo III, con la finalidad de la reforma de la Iglesia.

 

El 6 de julio de 1563, con motivo de presentar los cánones de reforma contra los abusos en contra del Sacramento del Orden, se da a conocer en su redacción definitiva la prescripción del Concilio concerniente a la institución de los seminarios en la Iglesia.  Esta prescripción es promulgada en el Capítulo XVIII de la sesión XXIII, ante la presencia de 235 Padres Conciliares.

 

Es así como en las diversas Iglesias particulares se fundan los Seminarios bajo las directrices del Concilio de Trento y nace la sigla S.C. (Seminario Conciliar).

 

El Seminario de Pamplona es fundado y organizado conforme a lo prescrito por el Concilio Tridentino, por el Concilio Provincial Neogranadino (Tit, VIII Cap. II) y por las Constituciones Sinodales de esta Diócesis. (Cap. XIV).

FUNDACIÓN

A la Diócesis de Pamplona, erigida por la Bula (Coelestem Agricolam) del 25 de septiembre de 1835, llega dos años más tarde como su primer Obispo Monseñor José Jorge Torres Stans, y empieza por preocuparse a fin de que los aspirantes al Sacerdocio, quienes estudiaban en el Colegio Provincial San José aprovechando las cátedras allí fundadas por Monseñor Lasso, contaran con Instituto propio destinado a su formación.

 

Para ello solicitó a la Cámara Provincial de Pamplona se le asignará el edificio del Convento de San Francisco para fundar allí el Seminario, el cual tendría anexa la cárcel de los clérigos.  Esto le fue concedido por Decreto del 27 de septiembre de 1840 y se le daba un plazo de dos años para reparar el edificio y poner en funcionamiento la institución.  Este plazo se amplió posteriormente en un año más.  En Julio de 1843 redactan los estatutos en los cuales se coloca el seminario bajo el Patronato de San Pedro Apóstol y una vez aprobados por el Gobierno Nacional, procede Monseñor Torres a nombrar el primer Rector José Elías Puyana Deán del capítulo Catedral, el primero de Agosto del mismo año siguiente podemos estar seguros de que fue precisamente a partir de ese mes de Agosto cuando el Seminario empieza a tener vida propia e independencia del Colegio Provincial.

 

Monseñor Torres Stans siguió preocupándose por dotar el seminario de las rentas necesarias para su funcionamiento, haciendo incluso donaciones de bienes personales y continuando con las reparaciones que exigía el estado ruinoso del edificio y de la capilla.

 

En 1852 después del nombramiento de Puyana como Obispo Auxiliar de Popayán con sede en Pasto, asume la Rectoría otro miembro del Capítulo Catedral, el Doctor Marcelino Gutiérrez Salgar.

 

Después de la muerte en el destierro de Monseñor Torres Stans vino a Pamplona como Administrador Apostólico José Luis Niño, quien luego fue nombrado Obispo de la Diócesis y ocupó en 1856 temporalmente la Rectoría del mismo Seminario.  Reformó los estatutos adaptándolos a las necesidades locales, según ellos se exigía a los aspirantes los certificados de Bautismo, Confirmación y de empadronamiento como fieles Católicos de la Parroquia, además de la carta de los padres del alumno solicitando el ingreso y la recomendación del Párroco.

 

En el año 1857 la nómina de los superiores incluía a los padres Eulogio Tamayo como Rector, Miguel Plazas como Vice-Rector y Domingo Reyes como Prefecto. En 1861 era Director Francisco de Paula Orbegozo cuando el Obispo de Pamplona protesta contra los decretos de tuición y amortizaciones de los bienes de manos muertas que renovaban la actitud del gobierno contra la Iglesia. Fue conminado a presentarse ante la autoridad Civil, pero prefirió huir en 1862 a San Antonio del Táchira bajo la protección del Presbítero Otero, desde allí siguió gobernando la Diócesis y reunió algunos Seminaristas que constituyeron “La Escuela de la Frontera”, puesto que la persecución religiosa en Colombia impedía el funcionamiento normal del seminario.

 

Sucedió a Monseñor Niño en la sede de Pamplona Bonifacio Antonio Tozcano quien había sido ordenado después de viudo por Monseñor Mosquera en Bogotá y ejercido el Ministerio Sacerdotal en diversas parroquias del Arzobispado y luego ocupó los cargos de Dean Rector del Seminario Mayor y Vicario General.  Luego fue Vicario General de Bogotá en tiempos del destierro del Arzobispo Herrán.  Luchando para que el clero no se sometiera a las leyes persecutorias contra la Iglesia.  La consagración Episcopal la recibió en la Catedral de Bogotá de manos del mismo Monseñor Herrán el 15 de agosto de 1865.

 

Durante su gobierno en Pamplona restableció la disciplina Eclesiástica necesariamente desorganizada a causa de las persecuciones: reorganizó las Vicarias foráneas; participó en el Concilio Provincial y viajó a Roma para participar en el Concilio Vaticano I.

 

Vuelto de allí trajo consigo a José Alejandro Peralta estudiante que llevaba casi 10 años en el colegio Piolatinoamericano a donde había sido enviado por Monseñor Niño y aunque no era aún ordenado, lo nombró Vicerrector del Seminario.  Convocó y llevó a término el primer Sínodo Diocesano (1872) para aplicar las enseñanzas del Concilio y allí legisló sobre la organización del Seminario.

 

Al año siguiente debido a las enfermedades frecuentes de los seminaristas y de los mismos superiores (El padre Peralta por ejemplo), Monseñor decide trasladar el seminario a Floridablanca, sabemos  que tal decisión no contaba con el beneplácito de todo el clero, que veía la inconveniencia de separar la sede del Instituto dedicado a la educación del clero de la capital diocesana o el peligro de que también la sede  episcopal terminará por desplazarse a Bucaramanga, como muestra de esto el sacerdote Fausto Reyes Maestrescuela del capítulo Catedral y el señor Saturnino Ortega se ofrecen dar todas las clases del seminario en Pamplona por la suma de $1.400 pesos anuales.  Este ofrecimiento no fue aceptado y el seminario se inauguró solemnemente en Florida el 15 de marzo de 1873 con sólo cuarenta alumnos por falta de espacio, pero con todas las materias, incluida la Teología según lo informa el Rector Antonio María Colmenares.

 

En agosto de aquel mismo año, José María Camargo Párroco de Girón, informa al Obispo sobre la visita que en su nombre había realizado al establecimiento. El número de alumnos era ya de 52; se dictaban 24 clases y había dificultad para la enseñanza de la Filosofía por falta de textos.

 

Eran alumnos de Floridablanca e incluso ayudaban a dictar algunas clases: José Natividad Zafra, José María Villalba y Evaristo Blanco quienes con el tiempo habrían de tener papel importante en la historia del Seminario y de la Diócesis.

 

La renuncia presentada por Mons. Toscano en el año de 1873 le fue aceptada en enero de 1874 y en su reemplazo fue nombrado el Arzobispo Auxiliar de Bogotá Indalecio Barreto.  Las Bulas Pontificias de su nombramiento solo pudieron remitirlas al capítulo en noviembre y al mes siguiente hizo finalmente su entrada a la ciudad.  El 17 de diciembre envía una circular al clero en la cual manifiesta su deseo de establecer nuevamente el seminario en Pamplona, trasladándolo de Florida en donde seguía funcionando ahora bajo el rectorado de José Alejandro Peralta.  En ella urgía al clero al cumplimiento del Decreto Diocesano de aportar el 3 por ciento del producto de los beneficios para el sostenimiento del plantel.

 

En cumplimiento de lo dispuesto por Mons. Barreto en el inicio de 1875 el Seminario abre puertas nuevamente en Pamplona bajo la dirección del Pbro. Esteban García, aunque en Floridablanca siguió funcionando el Colegio Católico y el padre Peralta continuo como rector hasta el 26 de septiembre del año siguiente en que por motivos de la guerra se cerró.

 

EL Vicario Capitular Antonio María Colmenares, que gobernó la Diócesis, después de la repentina y prematura muerte de Barreto en marzo de 1875, actualizó el Decreto según el cual todos los beneficios debían pagar el tres por ciento de sus productos para el sostenimiento del Seminario (24 de marzo de 1876).

 

También el Seminario de Pamplona hubo de cerrarse por causa de la guerra en 1877 cuando ocupaba ya la sede pamplonesa Monseñor Ignacio Antonio Parra.  Este prelado se opuso como los otros Obispos de Colombia a las leyes que en contra de la Iglesia había restablecido el gobierno nacional, por lo cual fue condenado al confinamiento fuera del territorio de su Diócesis en 1878.  En este año como sustitución del cerrado Seminario, los seglares organizaron la escuela Pío IX bajo la dirección de Carlos Peralta y a la cual en el año siguiente se le presta el edificio de San Francisco.

 

Después de la vuelta del destierro del prelado diocesano en 1880 se reabre el plantel bajo la dirección del Presbítero José María Villalba y como Vicerrector José Natividad Zafra.  Anexa funcionaba la Escuela Católica para niños de primaria que dirigía entonces el seglar Miguel Peralta.

 

Los reglamentos tanto del Seminario como de la Escuela son ejemplares en su orientación pedagógica y en la organización que preveían.  Se decía por ejemplo en el Artículo 12:

 

“En el Seminario no se concederán premios a los jóvenes ni se harán distinciones entre ellos, tampoco se alabará a ninguno en presencia de los demás, para que así todos los ordenados se consideren como hermanos y pueda obtenerse la unidad en el clero, parte interesantísima que en manera alguna debe perderse de vista en la educación de los jóvenes que entran en la carrera eclesiástica.  EL gran móvil del seminarista ordenado debe ser su conciencia puesto que al salir del Seminario no tendrá frecuentemente otro testigo de sus acciones.

 

El reglamento del cual se ha tomado la anterior cita es promulgado por decreto del 15 de diciembre de 1881 cuya redacción debieron tomar parte el Rector Villalba, el Vicerrector Zafra y el Canónigo Antonio María Colmenares, quien asumiría la rectoría al siguiente período, tiene también la importancia de haber colocado como patrón del seminario al Angélico Doctor Santo Tomás de Aquino y haber impuesto el internado para todos los alumnos del Seminario Menor.

 

Meses más tarde se impuso en la organización de la vida comunitaria la total separación entre los alumnos del Menor y del Mayor.  Por entonces debido a quebrantos de salud de Colmenares, fue nombrado Rector Evaristo Blanco, quien era Vicerrector y habría de llegar a ser el Primer Obispo del Socorro.

 

El 29 de enero de 1886 Monseñor Parra nombra como Rector a José Natividad Zafra quien había hecho sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma como alumno del Colegio Piolatinoamericano y llevó al plantel a un excelente nivel intelectual y disciplinario en los cuatro años que lo dirigió como lo testimoniaron por medio de volantes y escritos en la prensa sus alumnos más afectos cuando ya se sabía con certeza la venida de los Padres Eudistas a hacerse cargo del Seminario.

Desde el 17 de septiembre de 1888 consultaba Monseñor Parra al Capítulo Catedral la conveniencia de la venida de cuatro padres Eudistas a regentar el Seminario, según lo que se había hablado con el Padre Teodoro Hamon, visitador de la Congregación residente en Cartagena.  El capítulo da su aprobación y hace sólo algunas advertencias sobre los viáticos en el caso de que los Padres deban volver a Francia.

Después de haber llegado a un acuerdo en las condiciones que de parte y parte se pusieron, se da aviso que han partido hacia Colombia los Padres destinados a Pamplona.  El 30 de noviembre de 1989 están en Salazar Augusto Viel J.M. Tressel y Piriou, y siguen luego por Arboledas y Cicutilla hacia Pamplona, salieron a encontrarlos el 18 de diciembre hasta Ciravita.  A las 5 de la tarde entraron a la ciudad y siguieron directamente hacia el Seminario; cuando estaban en la comida llegó el padre Fouyard, que venía de Antioquia y que había de ser el primer superior eudista de Pamplona.

Al siguiente Rector, Padre Sahannat, se debió un gran florecimiento de todos los aspectos del Seminario con la complacencia del clero y de la ciudad pamplonesa.  El estableció la devoción a Nuestra Señora de Lourdes de donde trajo una preciosa imagen.  En 1896 viajó a Francia a pesar de haber estado enfermo para participar en el Capítulo General de la Congregación y allí murió.

 

Ocuparon sucesivamente la dirección del Seminario los Padres Félix de Martín, José Tressel (que fundó en la ciudad la Adoración Perpetua), Francisco Lagnel (quien sugirió la institución de la colecta de los primeros domingos para los seminaristas pobres.

El Rector el padre Maturín Jehanno cuando después de la muerte de Monseñor Parra, acaecida el 21 de febrero de 1908, llegó a la sede de Pamplona un exalumno y exrector del Seminario, Monseñor Evaristo Blanco, que era Obispo del Socorro, y quien dirigió desde el comienzo de su gobierno sus preocupaciones hacia su querido plantel.

Allí encontró la nómina de los superiores al Padre Enrique Rochereaux con quien organizó la exposición con motivo del centenario de la Independencia que daría origen al Museo Diocesano.  Bajo la dirección del Sabio Padre Rochereaux, con el decidido apoyo de Monseñor Blanco y con la colaboración de los seminaristas pronto el museo llegó a ser un importante instrumento de difusión cultural del Seminario hacia la ciudad y la provincia.  A raíz de este interés cultural organizó el Director del museo las expediciones arqueológicas a diversas regiones de la diócesis incluyendo el Sarare, que más adelante se convertiría en campo de misión para la Diócesis de Pamplona.

Sólo había transcurrido un mes de haber tomado posesión de la rectoría el Padre Joaquín André cuando sucedió la inesperada muerte de Monseñor Blanco el 19 de junio de 1915.  Con su sucesor, el joven Obispo Rafael Afanador y Cadena, el Seminario recibió una serie de mejoras en su planta física y una reorganización de sus aspectos académicos y diciplinarios de acuerdo según la actualización del nuevo reglamento.

Monseñor Afanador organizó la misión del Sarare, bajo la dirección del Padre Rochereaux con religiosas de la Madre Laura y con la colaboración de los demás Eudistas del Seminario.

 

Al Padre André lo sucedió el Padre Esteban Le Doussal en 1923; luego fueron rectores los padres Ambrosio Hays y Juan Havard al cual correspondió entregar el seminario en el final del curso del año 1944.

Al entregar los Padres Eudistas la dirección del Seminario, Monseñor Afanador encargó de ella a los Padres Domingo Villamizar como Rector y Rafael Sarmiento Peralta como Vicerrector para el curso de 1945.  Al siguiente año el Padre Sarmiento fue encargado de la Rectoría que ejerció hasta 1949 inclusive.  Le correspondió organizar el grupo de Sacerdotes Diocesanos que se encargaran de la disciplina y dictar las clases, colaboraron entonces los presbíteros Néstor Luna Gómez, Alfonso María pinilla Cote, Eduardo Valdivieso.

Mientras tanto se construía en las afueras de Pamplona el nuevo edificio iniciado en 1942.  En el año 1950 se trasladó el plantel a la nueva edificación.  La larga Rectoría del Padre Néstor Luna Gómez, que se inició en el mismo 1950 y duró hasta 1967, significó grandes progresos para la Institución y representa la época dorada de los tiempos modernos.

En efecto, logró el “Padre Rector” Luna Gómez elevar la calidad de la enseñanza por medio de Catedráticos graduados en las Universidades Pontificias de Europa y el uso de los textos latinos de la Universidad Gregoriana, fomentar una sólida formación espiritual en a la cual colaboraron sacerdotes especializados, algunos incluso pertenecientes a movimientos espirituales internacionales, como el Padre Abad, quien fue por muchos años Director Espiritual.

Siendo Administrador Apostólico de Pamplona Monseñor Norberto Forero, se iniciaron los trabajos de la Capilla del Seminario y se fundó la Escuela Apostólica de Bochalema para preparar a los niños de primaria que luego pasarían al Seminario Menor, se restableció oficialmente la Obra de las Vocaciones Sacerdotales que debía funcionar en todas las parroquias de la Arquidiócesis.

En 1956 Pamplona fue elevada a la categoría de Arquidiócesis y el Seminario se convirtió de hecho en interdiocesano, pues en él siguieron estudiando los Seminaristas de las recién creadas Diócesis de Bucaramanga y Cúcuta.  Su primer Arzobispo, Monseñor Bernardo Botero, en los cortos años en que gobernó a Pamplona se preocupó porque el Seminario contara con un grupo competente de profesores, para lo cual destinó a los sacerdotes que habían hecho especializaciones en ciencias eclesiásticas.

En 1958, del 21 al 27 de septiembre, se realizó en Roma el Primer Congreso de Rectores de Seminarios Mayores de América Latina, el cual fue artífice el Rector del Seminario de Pamplona y en el cual se originó la OSLAM, Organización de Seminarios de Latino América.

En aquel mismo año el gobierno nacional aprobó el bachillerato y autorizó al plantel para conceder los respectivos títulos.

El 3 de agosto de 1959 fue promovido a Arzobispo de Pamplona Monseñor Aníbal Muñoz Duque para ubicar la vacante después de la muerte acaecida en Junio, de Monseñor Botero.  Durante su gobierno se pidió a la Santa Sede la erección del Seminario de Pamplona en Regional, para la cual era necesario llenar algunos requisitos.

Por ello, Monseñor Aníbal Muñoz Duque separó los Seminarios en forma definitiva, colocándole a cada uno distinto Rector: El padre Luna Gómez continuaba en el Mayor y el padre Gabriel Pinzón como primer Rector del Menor, e inició los trabajos de construcción de planta física separada para éste.

En 1967 por decreto pontificio el Seminario Mayor de Pamplona fue declarado regional, lo cual significaba que quedaba oficialmente destinado al servicio de toda la Provincia eclesiástica, bajo la autoridad no sólo del Arzobispo de Pamplona sino de la Conferencia Episcopal Provincial y que todas las diócesis, además de enviar sus seminaristas, debían contribuir al sostenimiento y colaborar destinando de su clero sacerdotes idóneos para ocupar las cátedras.

Con la proclamación del Seminario Regional, culmina la obra del Padre Néstor Luna Gómez en el Seminario, en un momento en que la categoría concedida a la institución y perspectiva de la ayuda en recursos humanos y financieros de toda la Provincia Eclesiástica hacían presagiar un mayor progreso en los diversos aspectos de la vida comunitaria e intelectual.  La práctica demostró más tarde que los Seminarios Regionales no eran la solución a la problemática de la formación sacerdotal que se planteaba en los primeros años posteriores a la Clausura del Concilio Vaticano II.

La Conferencia Episcopal Provincial quiso entonces encomendar a la Congregación de los Padres Eudistas, una vez más la dirección del Seminario de Pamplona, con la colaboración de sacerdotes diocesanos.  El sacerdote Eudista Alberto Jiménez fue nombrado Rector y se constituyó un grupo de profesores Eudistas y Diocesanos para comenzar el curso académico de 1968.

En aquel año fue nombrado para la sede Pamplona Monseñor Alfredo Rubio Díaz, pues Monseñor Muñoz pasó a Bogotá en calidad de Administrador Apostólico, y como tal le correspondió la organización del Congreso Eucarístico Internacional y la visita de Pablo VI; posteriormente fue nombrado Arzobispo Primado y Cardenal.

El Seminario Menor fue dirigido después del Padre Pinzón por el Presbítero Pablo José Latorre, al cual sucedió el Padre Carlos Luna Gómez en el año de 1971, cuando el Arzobispo Alfredo Rubio Díaz inaugura el nuevo edificio que había iniciado con ayuda de Adveniat y con planos de la autoría de Monseñor Aníbal Muñoz Duque.

La fugaz segunda presencia de los Padres Eudistas en Pamplona se inició con el contento general del clero de la provincia, especialmente de aquellos que habían sido sus discípulos en la primera época.  La Congregación destinó al Seminario sacerdotes muy preparados que en colaboración con los diocesanos lo orientaron académica y espiritualmente por los derroteros marcados por el Vaticano II.  En embargo diversos inconvenientes propios también del momento de efervescencia que se vivía en la época postconciliar hicieron que los Eudistas plantearan su retiro de la dirección del Seminario de Pamplona y que Monseñor Rubio se apresurara a aceptarlo.

Simultáneamente a la separación de los Eudistas de Pamplona, los seminaristas de Bucaramanga se retiraron del Seminario de Pamplona y con ellos se abrió el Seminario de aquella diócesis, lo que vino a ser el comienzo de la disolución del Seminario Regional.  Era el año de 1972 en cuyo segundo semestre sólo sacerdotes diocesanos regentaron el plantel bajo la Rectoría del Padre Pablo Emilio Álvarez.

La disminución del número de Seminaristas por la apertura del Seminario de Bucaramanga y el poco número de los de las otras diócesis hizo temer el cierre del seminario.  A pesar de todo esto se abrió con suficiente personal bajo la Rectoría del Presbítero Alberto Alarcón Infante, quien recibió a poco el nombramiento pontificio pues oficialmente seguía siendo regional.

Al padre Alarcón le sucedió el Padre Gabriel Pinzón Urrea durante 1977 y, en 1978 se hizo cargo por segunda vez el Padre Néstor Luna Gómez hasta fin del año siguiente.  EL 8 de abril de 1978 tomó posesión de la sede arzobispal de Pamplona, Monseñor Mario Revollo Bravo, el cual se preocupó por preparar sacerdotes para formadores en el Seminario y por hacer al edificio los arreglos más urgentes que dirigidos por el nuevo Rector, padre Hernando González, mejoraron los servicios higiénicos y baños, las dependencias de la portería, las habitaciones de los sacerdotes y el aspecto estético de la fachada que nunca había sido terminada.  Resolvió también Monseñor Revollo, previa consulta con la Nunciatura Apostólica, que el Seminario volviera a su antiguo nombre de Seminario Mayor de Pamplona.

Monseñor Mario Revollo, siendo rector del Seminario Menor el Padre Rafael Lizcano, consiguió con recursos de ADVENIAT, y de la Arquidiócesis, dotarlo de capilla y de nuevos laboratorios de química, física y ciencias naturales.

En el Seminario Mayor había sucedido al Padre González el Presbítero Avelino Carrillo (1982-1985), que ocupaba la Rectoría cuando tomó posesión de Pamplona, Monseñor Rafael Sarmiento Peralta y Monseñor Revollo fue nombrado Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia.

El nuevo Arzobispo de Pamplona consciente de la revaloración de la función de los Seminarios Menores, funda con el beneplácito de la Santa Sede, el Seminario Menor San Pedro Apóstol, el 25 de Septiembre de 1985 al cumplirse los 150 años de la erección de la Diócesis en recuerdo del que fundara Monseñor Torres Stans.  La modalidad del nuevo seminario es la de convictorio para alumnos de los 3 últimos años de bachillerato, en el cual se da una formación espiritual y disciplinaria que prepare a los futuros alumnos del Seminario Mayor.

El primer Rector del mismo fue el Presbítero José de Jesús Acosta Mohalem, quien asumió también la Rectoría del Seminario Menor Santo Tomás al comenzar el curso de 1986.

Por su parte en el mismo año de 1986 inicia sus labores como Rector del Mayor, Monseñor Rafael Tarazona Mora.  Entre los numerosos logros de estos últimos años se encuentra el Convenio con la Universidad Santo Tomás de Aquino de Santafé de Bogotá, a fin de que los cursos hechos en el Seminario tengan valor de créditos para optar el título de Licenciado.

Con la llegada a la sede de Pamplona de Monseñor Víctor Manuel López Forero, ante la renuncia por edad de Monseñor Sarmiento.  Asume la Rectoría Monseñor Guido de Jesús Urbina, quien junto con un equipo de sacerdotes se empeña en continuar la obra de formación sacerdotal del Seminario.  En el año de 1996 se inicia la construcción de las instalaciones para el Propedéutico para los alumnos que ingresan por primera vez al Seminario y se realizan obras importantes para el mantenimiento del edificio.

En 1999 Monseñor López Forero es trasladado a la sede de Bucaramanga y asume como administrador Apostólico Monseñor Rubén Salazar Obispo de Cúcuta quien conforma un nuevo equipo para el Seminario Mayor y nombra Rector al Padre Ramón Alberto Güepsa con la misión de adaptar el seminario a las nuevas exigencias de la Renovación Diocesana.

El 6 de mayo del mismo año, el Papa Juan Pablo II nombra como Arzobispo de Nueva Pamplona al Excelentísimo Monseñor Gustavo Martínez Frías, quien impulsa con gran esfuerzo el Plan de Renovación Diocesana, dando así un giro pastoral a la Iglesia Diocesana y nombra como Rector el 20 de enero de 2005 al Padre Luis Jesús Albarracín Arias, quien finalizó su periodo en el año 2012.

El presbítero Ramón Alberto Rolón Güepsa asumió la rectoría en el año 2010 hasta el año 2012; posteriormente el presbítero Nicolás Villamizar García fue el rector en el periodo 2012-2014, quien fue seguido en la rectoría el presbítero Alfonso María Gutiérrez Mendoza desde el año 2015-2020. Actualmente el rector es el presbítero Samuel Darío Parada Lemus, quien asumió el cargo en enero de 2021.

Hoy nuestro Seminario forma jóvenes seminaristas de las Diócesis de Arauca, Tibú y de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona, que, con el deseo de servir al Señor, se preparan para asumir los retos de la nueva evangelización, responder a las necesidades pastorales de nuestra jurisdicción eclesiástica empeñada en el proyecto de renovación diocesana y llevar a los hombres de este milenio el anuncio de la salvación.  La formación de los aspirantes al Sacerdocio se da en cuatro dimensiones: Humana, Espiritual, Intelectual y Pastoral.

DSC04191.JPG
bottom of page